Lunes 11 de Diciembre de 2017
21 de Febrero.

Hoy 21 de Febrero, mientras la Luna se va llenando hasta quedar pipona el día 25, y el Sol acrecentando su actividad acelera los tiempos cósmicos planetarios, y se descubre a Kepler 37b en el espacio, intento reflejar un pensamiento. Anoche, sin poder conciliar el sueño e incómodo en mi cama decidí aprovechar el momento.
Convoqué a todas las personas que conozco -de más o menos mi edad (arriba de 65 años)-, que son pacientes, amigos, conocidos y algunos con quienes disiento. Sólo debían cumplir un requisito: asistir desnudos, descalzos y sin adorno alguno sobre sus cuerpos.

Preparé la casa para el evento, cubriendo las paredes de espejos -el piso también espejado-; eliminé el techo dejando el cielo abierto hacia la inmensidad del espacio. Puse sillas de acrílico transparente y me dispuse a esperarlos.
La convocatoria fue un éxito, casi todos acudieron, algunos un tanto desconcertados, e ingresaron por el portal al cielo abierto, y fueron ocupando sus lugares en el círculo creado.

A cada uno de ellos les pregunté por sus expectativas de futuro, de su conexión con la realidad y cuáles eran sus pretensiones por el resto de vida en este plano.
De una u otra manera, con más o menos liderazgo, todos coincidieron en lo importante que es seguir luchando y comenzaron a comentar sus proyectos.
Entusiasmados, acalorados, con ideas de nuevos trabajos, cómo ganar más dinero, encontrar un nuevo amor, viajar a países lejanos.

En ese momento de tanta algarabía les pedí que se calmasen y permanecieran sentados, y uno por uno se parase en el centro del círculo de sillas preparado y viese su cuerpo en detalle, desde las uñas de los pies hasta el pelo más largo.
Les solicité que hicieran lentamente un examen retrospectivo, desde el momento que dieron el primer chillido respirando el aire de este planeta en el que habían aterrizado, hasta la actualidad que estamos autoobservando.

Les pedí que tomásemos conciencia del tiempo transcurrido, de la finitud de estos habitáculos en que vivimos y, lo más interesante, de que somos testigos activos de este momento en que la humanidad está en tan importantes cambios, que si hemos sobrevivido hasta ahora que somos modelos prototipos, experimentales.

Sí debemos trabajar más que nunca, pero no prisioneros del dinero, de los miedos a que no podamos continuar con la vida que hemos tenido, seguir rodeados de cosas ya inservibles, que no tendremos tiempo de utilizarlas, porque están muertas, son el pasado.

Sólo necesitamos pocas cosas: mantener el cuerpo limpio, un plato de comida, la sonrisa de quienes nos aprecian, disfrutar de los amaneceres dando gracias por otro día más en este plano, arrobarnos en los atardeceres con los rojos y anaranjados cuando el Sol va corriendo porque piensa que está retrasado.

Trabajar, sí, más que nunca si tenemos algún proyecto comenzado para que los que luego continúen puedan contar con las herramientas y conocimiento que hemos desarrollado.

Casi todos, en sus sillas, juntaron sus talones, entrelazaron sus manos en el regazo, algunos protestando.
Y de pronto sus cuerpos desnudos quedaron envueltos en una capa blanca, salpicada de algunas estrellas celestes con el ruedo bordado. Entorné mis ojos, respiré suavemente al compás de mi corazón callejero y, al abrirlos, sentado ante mi computadora sentí la tibieza de la capa, casi de color blanco. MG_

Júpiter desplegando armonía.


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MG
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