Martes 12 de Diciembre de 2017
Garabatos 2-

El hueco en el muro.
Recuerdo cuando en algunas madrugadas esperaba el colectivo en la esquina de la calle Perú y Diagonal Sur, en el barrio de Montserrat, con el frío del fin del invierno, casi primavera, al lado de las paredes de la Manzana de las Luces, uno de los lugares históricos de mi amada Buenos Aires, acurrucado en mí mismo, dejando que mi mente divagase en la tediosa espera.
Mirando hacia lo lejos de la calle Perú, que se perdía en el silencio de la noche hacia San Telmo, siento un ruido tenue, como que se cayeran pequeños trozos de revoque de la pared y veo, en el antiguo muro, que se va abriendo una especie de túnel.
Mientras una dulce melodía arroba mis sentidos, en ese túnel que se va formando veo cómo se asoma la figura de una niña sonriente y temerosa, que comienza a contarme historias de lejanas épocas. Cuando la fiebre amarilla azotó Buenos Aires y ella pereció en la pelea entre la gente y la peste que arrasó sin piedad a la ciudad, desprevenida e inexperta, llevándose catorce mil almas en la contienda.
Me pidió que llevase unas flores a la iglesia de San Francisco, el viernes siguiente a la hora de la siesta.
Aturdido por la experiencia, me trajo a la realidad el rugido del motor del viejo y desvencijado colectivo 86, que llegaba protestando por haber estado todo el día correteando, subiendo y bajando pasajeros con sus alegrías y problemas.
Ya ubicado en mi asiento, con mi cuaderno y mi lapicera intenté dejar grabada a esa tan bella criatura de tan especial experiencia.
Por supuesto que el día convenido visité la iglesia con un pequeño ramo de las primeras fresias, depositándolas en un altar a mi derecha. Pasado mediodía, soleado, frío, me embargaba una gran tristeza.
Pero al salir del templo, el aire fresco revoloteó en mi cabeza y caminando hacia el Bajo la tristeza se esfumó. Al llegar a la calle Paseo Colón, una señora con una niña de la mano me pregunta cómo viajar hasta el barrio de La Boca. Le indico, y al despedirla miro a la niña, que me sonríe, y mi alma se arrobó de gozo al reconocer a la niña que permaneció por casi cien años prisionera en otra dimensión. MG_

Niña del muro antiguo. MG_

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MG
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