Martes 12 de Diciembre de 2017
Barrilete.

Si los seres humanos somos capaces de jugar sin importar la edad que tengamos, animarnos a reír como cuando éramos niños, y las risotadas brotaban porque sí como el agua en una cachoeira que al pegar sobre las piedras ríe y canta la frescura de la vida, esta magia de rescatar a nuestro niño interno nos permite activar un caudal energético en nuestro interior, adormecido con el correr de los años.
Al volver a remontar barriletes, con la vista puesta en el cielo, que tan poco miramos al tener que correr detrás de quimeras que nos atan a la tierra, podemos mantener el equilibrio de nuestras emociones al hacerlos navegar en el aire, tratando de mantenerlos mientras bailan al ritmo de los pájaros que pasan a su lado saludándolos.
El sol acariciándonos, en tanto vamos transfiriendo al cosmos todas nuestras penurias, que se van suavemente alejando de nosotros por el hilo, disolviéndose como oscuras nubes que entorpecían nuestra sonrisa.
Remontar barriletes, hermosa experiencia con un matrimonio amigo en Trenque Lauquen, al costado de la ruta, con el paso de los coches que nos gritaban, de los camiones haciendo sonar sus desopilantes bocinas, de los silos que haciendo correr los granos por sus gargantas, cantaban, disfrutando de nuestra atrevida alegría.
Cuando se anudaba el hilo por ir corriendo para mantener el barrilete erguido, al desatarlo también lo hacíamos con nuestros miedos escondidos.
Qué lindo después de 60 años, poder jugar con el niño que sonríe dentro de mí.
MG_


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MG
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