Martes 12 de Diciembre de 2017
Recordando.

Hace cincuenta y tantos años, allá por 1961, cuando nos hablaban de la maravilla del Cosmos, de nuestra interacción en él, que debíamos trabajar en nosotros, para que al encontrarnos en lo profundo de nuestro ser pudiéramos comprender la realidad cósmica y de la vida, parecía que nos hablaban de ciencia ficción.
En aquellos tiempos, el trabajo de nuestras visualizaciones e imaginación nos ayudaba a concentrarnos y buscar esas respuestas dentro de nosotros. Por aquel entonces, el hombre recién intentaba salir a la conquista del universo.
Hacía apenas 16 años que habíamos ingresado en la era atómica, que se habían quebrado los sellos que nos mantenían prisioneros en la materia. Era el comienzo de la Era de Acuario.
¿Y ahora qué, entonces? En pleno siglo 21, con las conquistas espaciales, los adelantos científicos, y el conocimiento del funcionamiento de nuestro cuerpo, que Leonardo Da Vinci intentaba comprender en su época, estudiando sobre cadáveres.
Si a Leonardo hace quinientos años le resultó imposible que lo comprendieran, y con los adelantos actuales, hace cincuenta y tantos años también nos resultaba difícil entender lo que nos enseñaban, pienso:
En este momento, que contamos con infinidad de herramientas a nuestra disposición, estudiamos el planeta y las estrellas colgados en el espacio a cuatrocientos kilómetros de altura, vemos cómo se forman, nacen y mueren estrellas, y que chocan galaxias a millones de kilómetros.
Contamos con maquinarias impensadas para los quehaceres de nuestra vida cotidiana, desde máquinas lavaplatos a vehículos para desplazarnos a velocidades increíbles, y estamos conectados con todo el planeta en tiempo real.
Es allí cuando surge la pregunta: ¿no deberíamos tener más tiempo libre en nuestras vidas para disfrutar, compartir, sonreír? Con tantos adelantos y comodidades ¿no deberíamos disponer de tiempo suficiente para bucear en nuestro interior?
Leonardo luchaba con la ignorancia y poca evolución de su época. A partir del comienzo de la era atómica y el despertar de Acuario, hemos crecido sólo materialmente, aferrándonos a todo lo sólido, cúbico, encerrándonos en nuestra propia celda, acumulando bienes materiales.
Y es tanto el peso que llevamos en nuestras mochilas, que se nos hace cada día más difícil poder trepar el escalón que tenemos enfrente si no vaciamos la mochila. Dejando lo que es de la tierra en la tierra, reconocernos como almas y dar el salto a la libertad que nos depara la expansión de nuestro ser en los comienzos de Acuario. MG_


Simiente solar. MG_

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MG
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