Martes 12 de Diciembre de 2017
Cambios.

Hasta ahora hemos vivido en un mundo con códigos preestablecidos que por cientos de años apenas se han modificado.

Ahora, en los comienzos de este nuevo milenio, “la Era de Sakib”, todo es diferente y los viejos modelos ya no tienen sentido. Pero para poder apreciarlo, debemos modificarnos internamente.
Es necesario “cambiar nuestra sangre” para poder comprender y ver este mundo, de lo contrario cada día más poseídos por miedos, por no conocernos como almas, nos aferraremos a todo lo material cristalizándonos, perdiendo la oportunidad de participar de los nuevos tiempos, del nacimiento del Hombre nuevo.

Debemos, a través del desapego, ir renunciando a las ataduras que nos aferran a este plano. Para viajar a las estrellas es imprescindible que nuestra sangre elimine los componentes contaminados de esta civilización por otros diferentes, entre ellos el silicio en vez del hierro.

Debemos transmutar las viejas costumbres de esta agonizante civilización, para poder integrarnos a esta realidad diferente.

Todo es viejo. Lo nuevo, si no estamos preparados para enfrentarlo, nos aplasta, destruye. Debemos elevar las vibraciones purificando nuestra sangre, porque de no ser así, sucumbiremos con nuestros puños crispados aferrados a lo material.

Debemos ir eliminando todo lo viejo, los apegos a las cosas, fantasmas y miedos impuestos por las religiones y mandatos de nuestros ancestros, si deseamos, a pesar que ya no somos jóvenes, participar del nacimiento de una nueva civilización.

Como podemos apreciar en las primeras décadas de la era de Sakib, todo es diferente. Ya no sirven las viejas fórmulas que empleábamos para subsistir y es esa la causa de nuestro estrés, desasosiego, angustia. Esto no es personal, es inherente a toda la Raza humana.
Para superar esta ANGUSTIA EXISTENCIAL PLANETARIA, debemos bucear dentro nuestro para encontrarnos y reconocernos como almas.

Es necesario aprender todo de nuevo. Pero, aún no está creado ni existen puntos referenciales, "debemos crearlos", recrearnos con el trabajo interior transmutando la vieja sangre.

El crecimiento interior es personal. Un trabajo interior de autoconocimiento, cambiar nuestra sangre para comprender la realidad, conocernos y reconocer al otro como almas, el mundo y el universo.


Fluir continuo de corrientes renovadoras. MG_

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MG
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