Lunes 11 de Diciembre de 2017
Nuestro planeta, tan especial y bello, al que vemos desde el espacio como una hermosa gema azul con sus blancas nubes, asemeja un lapislázuli.

En su proceso de transformación permanente, crea a diario secretos en sus entrañas, que quizás dentro de miles de años serán descubiertos por la humanidad que la habite entonces.

El sólo hecho de extraer toda la belleza guardada en su interior, tanto en minerales, como piedras o cristales, produce en mí un respeto especial hacia ellos.

Con el avance de la civilización vamos redescubriendo, no sólo los poderes de sanación y armonización que ofrecen a través de su composición química. También la belleza de cada piedra, que acompañada por el color, la forma y densidad, en contacto con nuestros cuerpos, por similitud, armoniza los vórtices energéticos no sólo de nuestro cuerpo físico, si no también los de los cuerpos sutiles.

Si observamos la historia, junto a los metales nos acompañan silenciosamente en el transcurso de los milenios.
Digamos, con términos comunes, que los sabios de la antigüedad conocían este poder y amalgamaban las piedras y los metales para proyectar esa energía hacia espacios concretos y especiales.
En las coronas de los reyes, algunas con diferentes metales, piedras brillantes, que la mano de hombre aún resaltó más al tallarlas aumentando en las gemas su brillo y vibración al reflejar la luz.
Con la función específica de canalizar el poder divino que descendiera a estos seres, y se acumulara en la cabeza del soberano, y desde allí se distribuyera a todo el cuerpo.
Actuaban como antenas acumuladoras de energía cósmica, al permitir que el divino poder ingresara por el Chakra coronario.

Asimismo, en los elementos rituales de todas las religiones, en las espadas y dagas de la antigüedad, podemos apreciar maravillas artísticas.

El contacto con la energía de los cristales nos permite activar nuestra intuición, ya que su vibración desbloquea las funciones atrofiadas de nuestros centros energéticos, contaminados por el ritmo vertiginoso de nuestras vidas.

Combinadas adecuadamente, algunas de ellas actúan como Talismanes protectores de nuestro cuerpo, al rodearnos con sus ondas energéticas de sanación natural.

Sabemos que el reino mineral es el más antiguo en la Naturaleza. Cada piedra, cristal o gema, contiene información del pasado, las historias de Lemuria, Atlántida y tantas otras civilizaciones que habitaron el planeta.

Con su pureza y estructura cristalina, están presentes desde el interior de nuestro cerebro hasta el centro de las grandes masas galácticas, porque todo es energía del Universo.

Aclaran nuestras emociones, no sólo los cristales transparentes, también los brillantes u opacos; cada uno posee su propia energía.

Esta fuerza natural que son los cristales, aún no ha sido asimilada en su totalidad por la mente humana. El poder de los cristales constituye una fuerza serena y armoniosa.

Pueden colaborar en la búsqueda de nuestro propio centro, el Punto Interior como epicentro de muestro mándala personal; ayudar a conquistar los sueños y establecer mejores relaciones con nosotros mismos y con los demás.
MG
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