Miércoles 13 de Diciembre de 2017
Los siete días de la semana tienen un color diferente, por lo tanto, cada una de las Entidades regentes de cada planeta tienen su propio color.
Basándonos en la tradición esotérica de la Cábala, podemos emplearlos como anclaje de las entidades planetarias en nuestro diario vivir con los cristales.
Como son canalizadores de energías, nos permiten, gracias a esa virtud, conectarnos con diferentes planos y dimensiones cósmicas.
Al amanecer podemos alinear nuestro ser con las corrientes sutiles que cada planeta emite, en sintonía con el día de la semana. Además, por las correspondencias con determinadas zonas de nuestro cuerpo, más las características -tanto positivas como negativas- de cada astro de nuestro sistema planetario.

Domingo.
Regido por el Sol, con toda su gama de amarillos, naranjas y rojos.
Lunes.
Con su blanco lechoso, el color plata; blancos en todas sus gamas y grises iridiscentes.
Martes.
Rojos Marcianos, del fuego de la tierra, anaranjados, amarillos, blancos y negros.
Miércoles.
Los plateados, metálicos grises, blancos y toda la gama de los violetas mercuriales.
Jueves.
Se le asignaron a Júpiter todos los azules, turquesas e incluso algunos de los azules verdosos metálicos incluidos en la naturaleza.
Viernes.
Los verdes venusinos, incluso los rosados intensos, relacionados con la sanación y la estabilidad del corazón.
Sábado.
Los grises, los tonos de negro, los verdes enteros de los musgos, algunos marrones fríos del color tierra.
La elección de los cristales es personal y única. Debemos tener en cuenta que nosotros no elegimos las piedras, si no que ellas nos eligen.
Pueden ser opacas, brillantes, exóticas o simples. Esto no es lo importante, lo que sí vale es la fuerza que podemos reconocer en ellas.
Especialmente, si advertimos que cada una posee una entidad de la naturaleza que se activa cuando la escogemos.
Cuando elegimos una piedra, la reconocemos, la creamos para nosotros, y es allí cuando se produce el despertar de la entidad de la naturaleza asignada a esa piedra. Que sintoniza nuestras vibraciones con las del planeta correspondiente, la parte de nuestro cuerpo que rige, el sistema planetario, nuestra galaxia.
Al cristalizarse, en el juego mágico del alquímico proceso de la fusión de los metales y substancias en el caos de la formación del planeta, estas joyas guardaron en sí el poder y mensaje sublime de los Sagrados Maestros de la creación.
Ese saber en estado latente, permanece intacto dentro de ellas y sólo pueden despertar su poder, si somos capaces de elevar nuestra vibración interior; son un vehículo hacia el despertar de la nueva raza.
Tenemos una sensación de vida al tener un cristal en nuestras manos, transmitiéndole el calor de nuestro cuerpo, porque comienzan a liberar las moléculas correspondientes a las necesidades personales.
Colocándolas sobre nuestros Chakras, además de activarlos y sintonizarlos, con una respiración adecuada, ingresamos en un estado diferente en el que podemos canalizar, distribuir y compartir energías sutiles multidimensionales.
En estado natural son muy bellas y efectivas para armonizarnos, pero debemos reconocer que las lapidadas, por el trabajo del hombre, resaltan aún más su belleza.
Gastón Rovella, en su Grupo en Facebook --- Amante de los Cuarzos ---, nos muestra algunos ejemplos de lo que han sido en una época, y en todos los tiempos, los usos de las piedras.
En las joyas del Delfín de Francia podemos admirar algunos ejemplos, deslumbrantes, del trabajo de orfebres y lapidadores.
Cuenta la historia sobre la belleza del palacio de Nerón, en Roma, con sus paredes revestidas de los más exquisitos mármoles, oro por doquier, salpicado de piedras preciosas.
Podemos apreciar, en los mosaicos de la Roma antigua, las diferentes piedras, que nos deleitan con sus colores y diseños.

Cada uno de nosotros posee varias piedras personales desde el día de nuestro nacimiento. Que cambian año a año, como nosotros mismos vamos modificándonos, transmutándonos con cada aniversario de nacimiento.
MG
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