Miércoles 13 de Diciembre de 2017
El pasado.
En general, los seres humanos, cuando llegamos a una edad en la que hemos recorrido gran parte de nuestra vida, tenemos la tendencia de mirar hacia atrás con pesadumbre, resentimiento y tristeza, sin tomar consciencia que debemos mirar hacia adelante.
Si sentimos el deseo de volver al pasado, quedaremos presos, permitiendo que perdure de forma indefinida ese estado ya muerto, deteniendo el proceso de crecimiento y evolución espiritual.
Es una de las características de la mente material. Aferrada tenazmente a todo lo pasado y adquirido durante los años transcurridos.
La mente materialista halla placentero recordar el pasado, los momentos de alegría y placer, y ello produce una enorme tristeza al reconocer que esos momentos no regresarán.
Pero nuestro verdadero yo, nuestro ser espiritual se cuida; apenas piensa en el pasado, se ocupa más de los cambios que deberá aceptar y espera, sabe que dentro de un año ya no será la persona que es hoy.
Nuestro ser espiritual quiere tener ya olvidado el mañana, lo que ha sido y es hoy, pues sabe que el recordarse a sí mismo, lo que fue ayer, retrasa inmensamente su avance hacia poderes más grandes y más luz interior.
¿Por qué preguntarnos por lo que fuimos hace unos años, mil o cinco mil? Es claro que hemos sido alguna cosa, (alguna cosa análoga a lo que somos ahora).
Tal curiosidad no merece ser satisfecha, porque nos costará el dolor de tener que atravesar nuestras propias individualidades. Los procesos dolorosos que han muerto, han cumplido toda su misión, toda su obra, que seguro nos proporcionaron más dolores que alegrías.
¿Tenemos deseos de cargar con esta memoria, una pena que aún aumentaría más el peso de los años pasados en esta vida actual?
El que quiera envejecer rápidamente puede lograrlo muy fácilmente; tener blanco el cabello, llenarse de arrugas, llorar amargamente la juventud muerta, cargar con el peso de la muerte. Lo consiguen recorriendo las casas donde vivieron hace 30 años o más, estando en contacto con los familiares muertos, visitando los cementerios, hablando siempre de enfermedades que pasaron, estando en contacto con quienes se fueron para no volver nunca más.
El que así lo desee puede cargar sobre sí el peso de todo lo muerto.
Empañando la maravilla de renacer cada día, viendo en cada amanecer la maravilla de estar vivos. MG_
Señales de los nuevos tiempos de Acuario.
MG
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