Martes 12 de Diciembre de 2017
Desde el chasquido del fósforo al crear luz y encender una vela, activamos un poderoso generador Psicotrónico.
La utilización del fuego nos remonta a tiempos inmemoriales.
Esto hace que nos preguntemos: si en estos tiempos de viajes espaciales, de la increíble tecnología con la que estamos viviendo, las comunicaciones instantáneas, “ nos pueda parecer obsoleto el uso del fuego “.
Me lo he preguntado muchas veces, mientras con el transcurrir de los años iba adaptando al devenir del nuevo pensamiento, mi accionar con el uso del fuego.
Puedo observar que el contacto con el fuego es aún más asombroso y real con los vídeos de la Nasa, la Agencia Espacial Europea, donde podemos ver las antorchas del sol como dador de vida, saber de su accionar en nuestro planeta, sus interferencias; ver las estrellas, que no son otra cosa que fuegos encendidos iluminando el universo.
Es así que continúo con mi trabajo, intentando mejorarlo día tras día, mientras permanezca encendida mi pequeña llamita interior.
Desde lo personal digo: las necesidades, angustias, alegrías intrínsecas en el hombre, siguen siendo las mismas y contamos con la posibilidad de iluminar el camino con el uso de la luz de las velas.
El encender una vela nos produce un estado especial, induciéndonos su luz al recogimiento, al silencio que nos permite concientizar nuestro yo.
La luz de la vela está simbolizada en el Tarot en el arcano 9, El Ermitaño, ese sagrado maestro que con su cayado y su farol nos ilumina el camino en la búsqueda de la llama personal, de nuestra iluminación interior.
El uso del fuego me atrajo desde siempre, es un soporte interactivo y dinámico que lo transforma en una meditación activa.
MG_
Rincón en uno de los Patios
del Cielo.
MG
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