Miércoles 13 de Diciembre de 2017
En la búsqueda de nuestro bienestar interior, debemos utilizar todas las herramientas posibles para encontrar nuestro centro. Lograr que el eje permanezca estable y sereno ante el torbellino incesante del diario transitar en la vida.
Escuchamos ofertas de todo tipo para conseguirlo, libros y más libros, maestros de toda especie, razas y colores que predican con grandes sonrisas, bellas palabras, rodeados del increíble aparato publicitario, recorriendo el mundo y llenándose de dinero. Llenan estadios, teatros y plazas ¿pero alguno de ellos habla de “renuncia”? ¿Nos dicen que debemos parar el loco correr sin saber hacia dónde?
¿Hacen hincapié para que las masas que movilizan hagan silencio en esos mitines? ¿Que se miren a los ojos y sonrían? ¿Que se reconozcan como almas enseñándoles el sentido de la renuncia, a bucear dentro de nosotros al encuentro de lo sagrado del ser? ¿Que debemos desapegarnos de lo material y vivir con lo necesario para poder crecer espiritualmente?
Hay que enseñar como lo han hecho los seres de luz de la antigüedad, como así también los profetas de estos nuevos tiempos, que nos han mostrado a través de sus enseñanzas el camino de la renuncia. A despejar las malezas que están delante nuestro y en nuestra mente. Sin aferrarnos sólo a las cosas materiales con símbolos y formas, creados especialmente para esclavizarnos a la materia, que no nos permiten desplazarnos a esas regiones sublimes, y que sólo podemos ver exteriormente gracias a la tecnología.
Tenemos el privilegio de estar viviendo una época muy especial para el planeta y para nosotros mismos. Los cambios son tan vertiginosos que no nos dan tiempo siquiera a comprenderlos, internalizarlos, o siquiera detenernos para verlos desfilar delante nuestro.
Desde 1987, cuando comencé a usar celulares, los avances han sido tales, en estos pocos años, que su evolución hoy me permite estar conectado a Internet, comunicado con el planeta.
Soy consciente de que no le damos el verdadero valor al poder estar conectados en tiempo real.
Si todo este avance lo utilizáramos para comunicarnos, como almas, buscando similares por ley de similitud, despertando hacia el nuevo mundo, a ayudarnos, a compartir todo lo bello de la vida, a establecer contactos para re - unirnos y trabajar en nuestro crecimiento personal y colectivo...
Pero, vemos que la realidad es otra y el uso de tanta maravilla es empleado para fines diferentes. Esto no es novedad, desde comienzos de la era industrial fuimos deshumanizándonos cada vez más. Porque un simple lavarropas o hasta el más sofisticado celular, que nos permitirían disponer de más tiempo para navegar como Egonautas en nuestro interior, los utilizamos como medio para seguir en carrera vaya a saber hacia dónde, en la búsqueda de no sé qué. MG_

(2012) Espacios interiores.
MG
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